Un día en la vida del profesor Rudd-O, delincuente de profesión

por Rudd-O publicado 2007/11/21 22:36:12 GMT+0, Última modificación 2013-06-26T04:38:52+00:00

Yo soy un delincuente. Tú eres un delincuente. Todos somos delincuentes. Para ilustrar estos asertos, voy a relatar un día ordinario de un profesor ficticio que, sin embargo, nos atañe caramente, sin que nosotros siquiera estemos conscientes de ello. Los delitos aparecerán en negrilla.

En la mañana, el profesor Manuel se levanta, toma café y chequea su correo. Como es usual, su programa de e-mail reproduce una cita del texto original cada vez que Manuel responde a un correo. Cada reproducción no autorizada de un texto protegido por copyright -- en este caso, el contenido de un e-mail -- constituye un acto flagrante de violación a la ley. Después de media hora, veinte respuestas y diez forwards, Rudd-O ha acumulado $3 millones en obligaciones estatutorias.

La ley ecuatoriana no contempla obligaciones estatutorias, pero cada violación puede ser penalizada a discreción del juez, y las penas no están muy alejadas en la prćatica. Por comodidad, me ceñiré a los daños estatutorios estadunidenses para el resto de la historia.

Después de unos minutos de leer las noticias, Manuel se dirige a su clase de Derecho Constitucional, donde distribuye fotocopias de tres artículos -- frescos de Internet -- que presentan análisis contrapuestos sobre la última decisión de la Corte Suprema de Justicia. Desafortunadamente, a pesar de las buenas intenciones de Manuel, él ha cometido decenas de reproducciones de tres trabajos literarios, lo que centenas de violaciones directas a la ley de copyright.

El profesor Manuel, después de su clase, se dirige a una (no muy interesante) reunión de profesores. Dibujar en su cuaderno, por consiguiente, constituye la perfecta distracción. Siendo un fan de la arquitectura postmoderna de Frank Gehry, y particularmente sus sketches hechos para el Guggenheim de Bilbao, Manuel dibuja subconscientemente una serie de líneas que se aproximan al diseño de dicho edificio. Manuel ha creado una derivación ilegal de los planos de un edificio, que obviamente están "protegidos" por copyrights.

En la tarde, Manuel dicta su clase de Ley y Literatura; en dicha clase, el tema de hoy es moral y obligación. Como un preámbulo a su clase, Manuel lee el poema de E.E. Cumming titulado I sing of Olaf glad and big, escrito en 1933. Manuel acaba de ejecutar pública e ilegalmente una obra restringida por copyright.

Justo antes de salir del trabajo, Manuel envía a su familia por e-mail cinco fotografías del partido de fútbol de la semana pasada. Su mejor amigo tomó esas fotos. Aún cuando su amigo le dio las fotos impresas, la propiedad del objeto y el copyright sobre la fotografía no están legalmente unidos, por lo cual los copyrights de las fotos siguen estando a nombre del amigo de Manuel. Por tanto, al copiar, distribuir y mostrar públicamente las fotos bajo copyright, Manuel sigue acumulando delitos por decenas.

Ya entrando la noche, Manuel visita la piscina universitaria para dar un par de brazadas. Antes de saltar al agua, Manuel se saca la camiseta, revelando un tatuaje del Capitán Cavernícola. Este acto que involucra la obra creada por Hanna-Barbera no sólo constituye una infracción de la ley por ser una reproducción, sino que también constituye un acto de ejecución pública de dicho cartoon. Puesto que la ley de copyright permite el decomiso y la destrucción de cualquier obra ilegal, y John se ha convertido -- él mismo -- en la obra ilegal, Manuel -- como mínimo -- podrá ser obligado a removerse el tatuaje con láser y -- en el peor de los casos -- se enfrenta a su destrucción inminente.

Bien entrada la noche de este día, Manuel acude a un restaurante donde está celebrándose el cumpleaños de uno de sus amigos. Justo antes de soplar las velas, él y sus amigos cantan Cumpleaños feliz, momento feliz que es capturado por la cámara de vídeo de su celular. Manuel ha infringido el copyright de la composición musical de Cumpleaños feliz al ejecutar la obra públicamente y al reproducir la obra en su grabación, sin autorización. Pero las infracciones no acaban ahí... su cámara no sólo captura a sus amigos; también captura un cuadro que cuelga en la pared -- Esposas con cuchillos, pintada por Shag. A pesar de la naturaleza pasajera e inadvertida del acto, el video constituye una reproducción no autorizada del trabajo de Shag.

Al finalizar el día, Manuel revisa su correo de nuevo. La última edición de una ezine llamada Found está en su buzón de entrada, llena de fotos, dibujos, notas curiosas y demás que los lectores de Found encuentran -- y remiten a Found -- en las calles, los buses y otros lugares urbanos. En pocas palabras, Manuel ha comprado una revista que contiene reproducciones, distribuciones y ejecuciones públicas no autorizadas de más de cincuenta notas y dibujos bajo copyright. Su contribución económica consciente a los cincuenta actos de infracción a la ley lo convierte a Manuel en accesorio del delito -- infracción contributoria -- acto castigable por $7.5 millones.

Al finalizar el día, Manuel ha infringido el copyright de treinta e-mails, tres artículos legales, un dibujo arquitectónico, un poema, cinco fotografías, un personaje de caricaturas, una composición musical, una pintura, y cincuenta notas y dibujos. Si contabilizamos el perjuicio al que Manuel se ha expuesto, encontraremos que se enfrenta a una pena de $12.45 millones de dólares (y tiempos absurdamente largos de prisión).

No hay nada particularmente extraordinario en las actividades de Manuel. Y, a pesar de ello, si los titulares de los copyright en las obras mencionadas anteriormente decidiesen perseguirlo con todo el rigor de la ley, Manuel les debería $4544 millones (cuatro mil quinientos cuarenta y cuatro millones) de dólares. Sorprendentemente, Manuel no ha cometido un sólo delito a través del uso de tecnologías peer-to-peer.

Este veredicto naturalmente es una cachetada al más elemental sentido de la justicia. Si hemos de seguir la letra de la ley, tenemos que concluir contra toda razón que Manuel es un delincuente de ligas mayores, o terminar por entender que es imposible que la letra de la ley signifique lo que aparentemente dice.

La ley es el instrumento más básico de una sociedad civilizada. ¿Cuánto tiempo más vamos a tolerar los absurdos plasmados en ella?